La Maravilla del Lenguaje Escrito
“Levanté la mirada y no te encontré”. Así comenzaba el primer poema infanto-adolescente que ideé en mi mente y no escribí hasta tenerlo casi totalmente dibujado en mi mente. El resultado y la inspiración dan lo mismo, o más que lo mismo, son absolutamente irrelevantes actualmente. Sin embargo, me parece de mayor importancia el destacar al lenguaje, como una posibilidad definitivamente distintiva entre el ser humano y las demás especies. El desarrollo de un lenguaje oral inteligible, que puede eternizarse a través de la palabra escrita, termina siendo una diferencia radical entre humanos y animales. Adicionalmente permite ir más allá de la tradición oral, que en tiempos pretéritos exigía a partir no de cero, pero sí bastante desde atrás, ante cada cambio generacional o de civilización. Es la palabra escrita al fin del día, un protagonista favorecido, pero casi incógnito, de todo lo que nos pasa, de nuestra experiencia de vida y formativa.
Ya sea en tono poético, prosa o drama, la palabra escrita es la clave de la comunicación humana, que ciertamente es la base de nuestras relaciones. Vivimos tiempos de hiperconexión, pero nos podríamos imaginar esta abrumadora cantidad de contactos sin escribir? Sólo piensen la cantidad de emails que reciben de una persona que está sentada a una distancia totalmente “caminable”. O bien comparen cuántos mails escriben por día con cuántas llamadas telefónicas realizan o conversaciones sostienen. Es por cierto más simple escribir. Y adicionalmente es absolutamente masivo, contundente, claro, formal y comprometedor. Con todo aquello, poner las ideas por escrito termina siendo un canal más que eficiente, pero por sobre todas las cosas, una forma de trascender en cada momento, de dejar un sello de tu opinión personal, hoguera que ni la más potente cultura o práctica social, puede apagar con facilidad, y esto desde las remotas pinturas rupestres hasta los actuales graffitis que invaden la ciudad civilizada.
Hay que tener cuidado con no escribir en tal magnitud, que se nos termine olvidando hablar y conversar. Es cierto que las ballenas meten bulla debajo del agua, y que al ladrar pareciera que los perros se comunican, pero una buena conversación entre seres humanos, resulta una experiencia diferente, liberadora, creadora y creativa, tanto más que cualquier otro tipo de comunicación. Termina siendo muchas veces una fuente de inspiración para futuras expresiones escritas, pero por sobre todo, un alimento insustituible para el corazón humano, por lo que conversar, saludar, preguntar genuina más que robóticamente “cómo estás?”, ciertamente que son aportes a que nuestro mundo sea algo mejor y nuestra experiencia de vida sea sustancialmente más humana.
“Busqué por todas lados y no estabas tú”… así seguía el poema, y ahora compartirán conmigo que no iba para ningún lado mi vocación poética, pero en esa época comencé a interiorizarme de la métrica poética. Contar sílabas, terminaciones y cosas así. De una buena amiga que sí escribía bien, descubrí en la práctica algo seudo-sorprendente, y es que quien escribe “bonito” termina sin siquiera saberlo, cumpliendo casi todas las reglas estilísticas del buen escribir, por tanto termina siendo totalmente recomendable no preocuparse de qué tan bien escribes, de si estás o no dentro de un estilo, sino simplemente escribir cuando se tiene ganas... y por cierto leer cuando no se quiere escribir, porque termina haciendo muy bien leer en busca de una inspiración. Al fin y al cabo es como tener una indirecta conversación con alguien que masifica su opinión a través de la palabra escrita. Conversación que más parece monólogo, es cierto, pero que no existiría de otra forma, si no fuera por la maravilla de las letras, ese código común que nos hace tan profundamente humanos!
A escribir se ha dicho… y sí, “sólo para uno” al principio porque el pánico escénico también opera e influye, pero seamos sinceros, nadie escribe un diario de vida secreto si no para que alguien lo descubra y lo termine leyendo, y de la misma forma nadie escribe un poema si no es para entregarlo directamente, u “olvidarlo” cerca de la persona que lo merece e inspira. Yo lo hice y me fue mal! Espero que me vaya mejor con los nuevos escritos, aunque esta vez no pretendan conquistar a quien lo lea!