Hoy se produjo el primer cambio de gabinete del actual Gobierno. Esperado. Deseado. Necesario. En fin, dependiendo el prisma con el que se mire, el calificativo que se elija. Y aprovechando los exabruptos de la última semana del ex Ministro Ravinet, el Gobierno aprovechó de ajustar algunas otras carteras que estaban en la línea de fuego de las encuestas, y adicionalmente en riesgo real de cerrar el primer año con una pobre cuenta pública. Así se despidió la Ministra del Trabajo Camila Merino, que ciertamente cierra un paréntesis intrascendente en su trayectoria profesional, porque fue totalmente incapaz de mover la agenda laboral, que por cierto es urgente desde hace un par de décadas. El Ministro Rainieri de Energía, que si no fuera por el reciente problema grave de tarifa energética de Magallanes, así como nadie sabría de cuándo llegó, tampoco sabríamos por qué se fue. Premio absoluto a la intrascendencia ministerial, en un tema absolutamente de moda, y donde echamos de menos posturas más claras e innovadoras acerca de energías renovables no convencionales, posibilidades nucleares, HidroAysén, Punta Choros, etcétera. Y finalmente, parte también el Ministro Felipe Morandé. Me entretenían sus comentarios en mi época twittera, siempre anunciando lo que haría, dando las gracias y resolviendo dudas, como si le brotara el alma de profesor universitario. Trabajo en la industria de las Telecomunicaciones, y no creo que por su gestión en este ámbito se haya ido, porque avanzó en un año, más que varios en una década, particularmente en TV Digital, portabilidad numérica, co-localización de antenas y el fin de la larga distancia. Sin duda se va por su desempeño en Transportes, donde más allá de algunas innovaciones – como los SMS para saber cuándo pasa la micro - no estuvo ni cerca de resolver el problema del Transantiago.
Hartos cambios! Pero quiénes llegan… En Transportes y Telecomunicaciones no se sabe todavía. Entre nosotros no más, creo que ambas carteras no tienen nada que ver una con la otra como para justificar un bi-ministro. Si cada una por sí sola no da para ministerio, eso es harina de otro costal, pero que puedan gestionarse impecablemente las dos juntas y a la vez, es bien raro porque no veo sinergía alguna entre ambas responsabilidades. Donde sí se sabe es en Trabajo y Defensa, donde desembarcan al Gobierno dos políticos-políticos, sin otra mención, y tanto así que hoy son senadores. Llegan respectivamente Evelyn Matthei y Andrés Allamand. Ambos muy capaces, compañeros de juventud con Piñera, pero críticos jurados de muchas decisiones presidenciales, por lo que llegan a poner equilibrio en un gabinete técnico que antes de un año, mostró las primeras fisuras. Y es que el código político, ese de los segundos pisos, de las máquinas, de los operadores y de los cálculos electorales, claramente es un terreno bastante poco fértil para la buena gestión y capacidad técnica-profesional. Es muy difícil entenderse con personajes que no se comportan racionalmente, si la razón no está del lado con las banderas que prometieron defender durante la campaña que los llevó a obtener un cargo de privilegio.
Esperemos por el bien de todos, que este cambio sea para mejor y que la agenda pendiente en tantos temas, se reactive sin tantos baches y desencuentros. Ahora lo intrínsecamente malo y desagradable, es reemplazar a los senadores que asumieron carteras ministeriales. Cómo hacerlo? Para mantener los equilibrios, los nombra el partido al cual pertenecen… Qué absurdo más grande! Ahora tendremos dos senadores por secretaría, y si ya es molesto que uno tenga que votar por los candidatos que los partidos imponen, ahora estar representado por un personero elegido a dedo, resulta francamente lamentable. Estas transferencias no tradicionales, debieran estar prohibidas o reservadas para casos excepcionales, porque uno entiende que alguien que se presenta a un cargo de elección popular, y promete representar a sus electores por un determinado período, no puede irse a hacer otra cosa antes que el período finalice!
Quizás lo más entretenido, será enterarse de quiénes son los nominados por Renovación Nacional (para reemplazar a Allamand en la Novena) y por la UDI (para reemplazar a Matthei por la Cuarta). Ahí se verá más allá de cualquier discurso, qué “ala” manda en cada uno de los partidos de la Alianza por Chile.
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